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La Gran Hucha (con un peso que levita y duele)

La Gran Hucha (con un peso que levita y duele)

La isla Hucha (con un peso que levita y duele)

La Gran Hucha (con un peso que levita y duele) de Michel Acosta, es una obra aguda y conmovedora. En la simpleza de su planteamiento, y en la transparencia de su forma, se trasmite la profunda y compleja, por no decir dramática, circunstancia de su país natal; una nación seductora, polémica y abrumada por su suerte. A decir de Virgilio Piñera, en su obra La isla en peso, “Cuba es una isla que pesa, y su peso es el de la historia, el de la cultura, el de la identidad”.

Todo lo paradójico y abigarrado que pudiera caracterizarla, Michel Acosta Pérez lo resuelve a través de una metáfora visual sencilla, pero muy elocuente. Convierte a la isla en una hucha de metacrilato transparente, que en su interior lleva el dinero, “el peso”, los billetes de cualquier parte del mundo. Pero aun así la isla parece que levita hacia lo incierto, lo inconsistente. No podía definirse mejor su circunstancia, que trasgrede la de la maldita suerte insular del agua por todas partes, para sucumbir ante el vacío y el desvarío de lo endógeno, sin poder prescindir de lo exógeno.
En La Gran Hucha, el artista evidencia su sentir crítico tanto de los procesos históricos e identitarios, como de las cuestiones de actualidad, y cómo, a pesar del tiempo que lleva desarrollando su carrera y su vida fuera de Cuba, como muchos cubanos, continúa cargando con el peso de la isla, ese que, según Virgilio, la definen más allá de su territorio, y condena a todos sus hijos a suplir desde la distancia, fundamentalmente desde las remesas de dinero, el espacio vacío. Esta hucha simboliza no solo el esfuerzo y sacrificio de quienes emigran, sino también la dependencia económica de las familias que permanecen en la isla y la precariedad de una economía sostenida por ese vínculo emocional que no desvanecen ni océanos ni fronteras.
Esta pieza representa las tensiones entre pertenencia, migración y supervivencia, y el modo con el cual economía e identidad están intrínsicamente entrelazados. En este sentido, la obra invita a la reflexión sobre lo que realmente significa ser cubano, y lo que implica definir a Cuba, o la cubanidad, en estos en estos tiempos. Es, por supuesto, una obra muy emotiva, cuya aparente frialdad, duele.
Y para los ajenos a Cuba, y a sus dinámicas, se les abre una incógnita: si una hucha se utiliza para ahorrar, para materializar un propósito ¿cuál es el de es esta gran hucha? En las complejidades de las posibles respuestas se engloban los reclamos y las emergencias de un país singular, cuyo peso es devoción.
Así, esta escultura de Michel Acosta Pérez, se cruza en los caminos de reflexión sobre el consumo en la sociedad contemporánea, que de manera general el artista explora desde el lenguaje pop, y a partir de la incorporación de nuevos materiales y recursos técnicos en su trabajo; pero también lo ubican en una situación particular, de corte autorreferencial, en la cual aflora la circunstancia de una isla que se lleva a todas partes, y que desde todas partes intenta sostener su peso.

Onedys Calvo Noya
Máster en Historia del Arte. Curadora y crítico de arte.

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