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Portafolio


“La introducción del mercado y la visualidad que éste genera, cambiaron el entorno sociopolítico, cultural y económico de mi país; es la repercusión de éstos cambios en nuestra sociedad, a lo que está enfocado mi trabajo. A través de la representación y la manipulación de objetos de consumo, completos, fragmentos, o incluso simples frases de éstos, sacados del escenario de lo cotidiano, evidencio lo que diariamente consumimos voluntaria o involuntariamente, etiquetando todo lo que se nos propone consumir fuera del circuito del mercado.”
“Unas piezas representan la parte que no vemos de los productos, otras lo más evidentes, las diseñadas especialmente para vender, pero todo con el mismo fin; reflexionar sobre el trasfondo de las cosas, lo que realmente encierra cada acción, cada producto”.
“Vivimos en un mundo en el que cada vez somos más concientes de los productos materiales que consumismo, que llevan códigos de barras, fecha de caducidad y están embalados, pero menos de la cantidad de cosas abstractas, inmateriales que consumimos diariamente y pasan a formar parte de nuestra realidad cotidiana.”
Existió un arte Pop cubano en la década de los 70, en el que se utilizaba la estética de este movimiento internacional, pero que hablaba de los “productos” de consumo de la Revolución cubana: Che, Martí, La Revolución... Es a final de la década de los noventa, en el que surge un nuevo concepto de comercio en Cuba, cuando Michel Acosta recupera éste lenguaje y estética pop, configurando un Arte cercano y compresible a las masas compuesto por imágenes cotidianas, para hablar de otros productos y otros valores de consumo de esta época.


New Bodegon

Envasado sin aire enfrenta los términos de originalidad y serialidad  o reproducción en serie.  Por un lado en retomar obras clásicas (bodegones) realizada a la manera tradicional pinturas sobre tela pero a la ves manipulando algunos de sus  objetos sustituyéndolos por productos del mercado.  La pintura que se utiliza  no es  óleo ni pigmento como  lo harían los grandes maestros clásicos si no acrílico. Y luego el hecho de insertarles la barra de prueba de color Y código de barra que nos remite a la  serialidad o reproducción Y que asumes no lo descubre como objeto de mercado más. En general nos habla de lo que te existe detrás de toda las cosas en este caso especialmente detrás del objeto arte o debiera decir “Negocio  Arte”.



Always Che

Es un ejemplo claro de los iconos que  convertimos en cliché  Y reproducimos en toda su variedad hasta la saciedad, despojándolo quizás de toda esa carga emocional E histórica para transformarlo en un mero objeto del mercado Y con único interés económico.  Lo vemos en camisetas, paredes, postales, relojes etcétera.



Offers

“Ofertas” hace demanda


Las conquistas industriales alcanzadas  por la sociedad moderna son el notorio reflejo de un incoercible desarrollo tecnológico, unido a una casi proporcional histeria consumista. Manifestación que halla lugar en la desenfrenada interacción de la oferta y la demanda. El sistema de economía de mercado imperante se ha ocupado de la satisfacción, con creces, de las exigencias y privilegios de los individuos, en un ambiente tendencioso al “juego perverso” de la compra-venta. La exhuberancia en los comportamientos de ambos fenómenos, descubre la imagen de un mundo regido por normas de fantasía donde lo trivial, la veneración del desiderátum y la consciente banalización del ser, son el oráculo.


Sin pretender la controversia, -si la insinuación-, Michel Acosta con la serie “Ofertas” incursiona en el dibujo como ejercicio expiatorio de su pródiga creatividad artística. Con la límpida concisión  que se permite con el uso de la técnica, Acosta itera en sus presupuestos de popartist, al devolver aristas de una realidad social insoslayable en que el hombre es representado con una nulidad figurada y sus signos vitales se revelan, absolutamente, a través del objeto presentado. Artículos de consumo diario (lámparas, secadoras para el cabello, móviles, aspiradoras, sillas, implementos de  cocina, bombillas…) provenientes de una objetividad tentadora y viciosamente peligrosa. Utensilios que en su disimulada accesibilidad, se transfiguran en íconos de la despersonalización y el anonimato. Esta ostensible ambigüedad propone el rechazo ante el anhelo de la adquisición del producto y la imposición manipuladora de nuevas necesidades.


En su alabanza objetual, Michel resuelve ironizar con resuelta posición en el dibujo en torno al poder de lo trivial, lo insignificante, la fascinación por lo superficial. Mediante la variación de modelos de un mismo producto, logra una hiperbolización de la imagen iconográfica  que consigue alentar ilusiones y agobiar voluntades. “Ofertas” es la puesta en escena sugerente y fría de una determinada situación, condicionada por el medio y su influencia en el individuo. Es el compromiso crítico, latente en el artista, frente a actividades mecánicas de la vida social contemporánea. Dentro de esa estética de lo insustancial está implícito un regodeo en la diversidad del diseño del producto, destinado a la seducción, enamoramiento y, a la larga, desazón de las decisiones de los demandantes.


La serie dispone  a juicio del espectador, una visualidad atractiva y evocadora que lo conduce a la disyuntiva de un absurdo trasfondo, encubridor de las relaciones productor- oferente- demandante. Su resultado artístico se satisface en un depurado dominio del trazo, cuya tenacidad contrasta seductoramente con la espontaneidad y experimentación de las manchas  y los efectos abstractos, logrados con materiales alternativos como la lejía, vino, café, baileys Recursos que aportan un frugal cromatismo, en que predominan los tonos ocres, cálidos, ribetes mates y tintes luminosos que en algunos casos, contrastan con los fondos oscuros. Michel se permite la licencia en la simbiosis de dos fenómenos artísticos formalmente opuestos, pero que atinadamente aprovecha como estrategia compositiva.


“Ofertas” expone casi hasta la saciedad un análisis objetivo, examen a conciencia, de la  engañosa accesibilidad del mercado a través de ideas contemplativas y sugestiones, conllevando a una introspección de significativa relevancia social. Con ello, Michel  se declara como un pertinaz esteta de un estado de ánimo concreto de la civilización moderna en cuanto a un fenómeno colectivo, y sus elementos superficiales.


Lic. Odalis Belén Guillot



World Art Factory

Desde el comilón de soya, que vestía a veces con su fibra y soñaba construir un auto con carrocería derivada de la misma: Ford; contando con la percepción aguzada de Benjamin –del cual ignoro si gustaba de una dieta alimenticia similar-, hasta el mito artista-empresario que fuera Warhol (así Kostaby, Clemente, Schnabel, o el casi transparente Jackson, la terrenal Madonna, el ambiguo Prince, etc.). De todos heredamos, sobremanera del primero, vivir en un mundo donde lo standard homologó las particularidades, para bien y para mal, y el empaste entre el ímpetu creador y el talento corporativo pareciera la solución para el ego y la vida material, con cierta necesidad de anunciarnos.


También para bien y para mal vivimos en una era del espectáculo, de cierto show en la pasarela del establishment. Y hoy podemos personalizar nuestros anuncios e incorporar el mundo objetual del consumo al campo del arte. Esta ganancia desde fines de los cincuenta, bien infiltrada mediante los mass media en el mundo a todos los niveles, es ineludible para hacernos la idea de que vivimos en un mundo moderno. Recordemos que la jet set de la sociedad degusta sus marcas y hasta los indios amazónicos, esos de los que gustó Sting, tienen mochilas Reebok o Adidas –aun malas copias de un "original" poco existente- para llevar sus materiales necesarios.


La propuesta de Michel Acosta contiene esa especie de ADN cultural. Desde hace más de cuatro años viene trabajando con el envase y su apariencia como portador de connotaciones artísticas y emisor conceptual. Con sus Tropical Island, parodiando la marca de jugos y néctares naturales que circula en Cuba en la era "post Periodo Especial" –que es una circunstancia para muchos aún viva-, Michel hacía una alusión al campo mismo del arte y a esa traumática y ya saturada anunciadera de nuestra insularidad devenida ingrediente psicosocial de nuestra identidad cultural. Manipulando medios gráficos, pictóricos, escultóricos, instalativos y digitales, ha en-caja-do un discurso ontológico de su contexto vivencial –que puede desplazarse de Cuba a España o a otros lugares- dejando una impronta visual de los más reconocidos clichés que se muestran de cada espacio.


Le refería ciertos contactos con artistas "del patio" –como podemos decir- como Ciro Quintana desde los años ochenta con su inclusivo "Ciro Art", Félix Ernesto Pérez en los noventa y tantos con "Eighteens S.A.", juegos de mesa que ironizaban los mecanismos del arte, Elio Rodríguez con sus parodias de carteles de cine y de marcas cigarreras, todos con connotación erótica, bajo el sello "Macho Enterprise". O Javier Guerra con sus portadas de una virtual revista "TAlento" que alude a la farándula donde muchos quieren o deben aparecer. Mucho arte detenta el repertorio del diseño publicitario para revertirlo en un mundo de valores no solamente anunciadores; sino también conceptuales.


Ahora WAF (World Art Factory) incorpora lo esencial de su operatoria expresiva o discursiva pero se extiende para constituirse en una suerte de proyecto curatorial. Respetando la propiedad intelectual del artista sobre sus obras, Michel pasa de ser el artista al gestor que invita a otros de sus colegas, de cualquier tendencia, postura, cultura o nacionalidad –pero siempre "artistas", lo que infiere un valor cualitativo-, para generar un muestrario de envases que remedan la apariencia visual de productos propios de los crecientes Super Markets y a la vez parodian los "ingredientes" necesarios para la expresión creativa. Eso es lo que en esta ocasión me parece más interesante. Porque sin perder su capacidad de concebir –que en él proviene principalmente de lo escultórico para tomar préstamos del grabado y la gráfica en general-, posibilita una unidad ecuménica posible gracias a las herramientas de reproducción en series casi infinitas; empleando medios digitales con superficies plásticas –visuales y físicas- que le otorgan al "producto" una especie de sutileza desde lo ordinario que se vuelve a convertir en emisor de sentidos.


Esta suerte de remembranza de las esculturas blandas de Oldemburg ahora va en una orientación contraria; aunque no opuesta. Porque la propuesta inclusiva de Michel busca con el resultado final de sus "objetos" intervenir una parte del espacio mediático y consumista (porque, no olvidemos, los emporios de venta también forman parte de los medios); para potenciar una suerte de happening o interacción de espectadores, comunes o avisados, con un soporte ya familiar pero que finamente "contiene" una carga artístico-espiritual.


Ello, aunque quizás inconsciente, mas poco ingenuo, responde a una obsesión en la contemporaneidad del arte por devolverle al hombre común –bastante acrecentado numéricamente- esa espiritualidad que se ha ido perdiendo por la cosificación que debido a la industrialización y la ansiedad consumista padecemos. Así hemos aprendido con el arte a revertir la pobreza de sentido humano con el mismo repertorio objetual que nos ha agredido.


Como intentando buscar el punto consensuador entre la necesidad externa e interna del ser humano.


Frency Fernández Rosales.


Master en Historia del Arte. Profesor, curador, creador y crítico de arte.